
(Artículo para la Agencia Efe, publicado el 25/05/2011)
Àlex Cubero. Barcelona.
Mucho se especula sobre cómo abordará el Manchester United la final de la Liga de Campeones y con qué variantes puede sorprender el veterano técnico Alex Ferguson, pero el vestuario del Barcelona solo se plantea ser fiel a su estilo para enfrentarse a su rival. "Tenemos que ser nosotros mismos", repiten una y otra vez los jugadores azulgrana. Es la maldición y suerte del equipo de Pep Guardiola.
El técnico catalán ha convertido en marca de la casa, de manera definitiva, un estilo basado en el juego colectivo de bella factura, la presión geométrica al rival en todas las zonas del campo y la apuesta por los talentos surgidos de La Masia. Así, el Barcelona ha aprendido a convertir la victoria en algo rutinario, pero ha olvidado cómo ganar de otra manera distinta. Bajo la dirección de ese método se ha encaramado hasta lo más alto del fútbol mundial, ganando dos Champions en cinco años; pero también con esa idea se ha estrellado, como cuando fue eliminado el año pasado en semifinales, incapaz de superar el entramado defensivo del Inter de Milán.
"Tenemos que ser lo que somos. Tener el balón y crear ocasiones, y hacer esa presión para robar el balón rápido. Intentaremos minimizar sus virtudes y explotar las nuestras", detalla el centrocampista Andrés Iniesta. El manchego es uno de los máximos exponentes de ese imaginario basado en el trato exquisito al balón, implantado en el club catalán desde los años setenta por el asturiano Laureano Ruiz, instaurado definitivamente por el holandés Johan Cruyff en los noventa y llevado a sus máximas cuotas por Guardiola en los últimos tres años. La imagen de Messi, Xavi e Iniesta, tres perlas de La Masia, como candidatos al último Balón de Oro es una buen ejemplo de ello. Los hasta ocho canteranos que pueden formar parte del once inicial de Wembley son la prueba definitiva del éxito de este modelo.
El catalán Sergio Busquets será, con toda seguridad, uno de esos titulares. "Ser nosotros mismos es ser el equipo que hemos sido estos tres años y, en concreto, este año. Debemos hacer las mismas cosas de siempre, teniendo la posesión del balón y jugando muy rápido", apunta el mediocentro defensivo, clave también en conquista del Mundial por parte de la selección española.
Precisamente, las dudas sobre cómo afrontaría el Barça la temporada post-Mundial se han disipado a lo largo de este año, en el que el cuadro de Pep Guardiola ha conquistado la Supercopa de España y la Liga, ha sido finalista de la Copa del Rey y ahora se enfrentará al Manchester para lograr su cuarta Champions. "El equipo está bien dosificado, hemos descansado bien y llegamos en un buen momento de forma", explica el internacional español Pedro Rodríguez. "Se agradece el descanso de las últimas semanas, porque muchos jugadores llevaban muchos partidos encima. Llegamos de la mejor manera físicamente para obtener un buen resultado".
Una victoria que pasará por "no cambiar en nada e intentar hacer nuestro juego, con posesiones largas. A partir de ahí crear ocasiones y no fallarlas. Ojalá tengamos la suerte de cara al gol", dice el tinerfeño, autor de veinte tantos esta temporada. Pero el éxito del Barcelona no solo pasa por los talentos surgidos de la maquinaria formativa azulgrana, sino también en que los fichajes que se incorporan año tras año sepan adquirir esa particularidad en el juego y el estilo de vida del club, como David Villa, el sustituto del sueco Ibrahimovic en la delantera culé.
"Sabéis cuál es nuestro sistema, tener el balón y lo máximo posible para hacer nuestro fútbol. Tenemos que ser nosotros mismos -insiste el 'siete' azulgrana-, intentar hacer nuestro juego que tantos frutos nos ha dado y nos ha llevado a disputar esta final".
Pero el asturiano considera que su rival inglés en la final no saldrá a verlas venir y a encerrarse atrás, sino que encontrarán un equipo que "le gusta tener la pelota, que no va a intentar destruir nuestro juego, sino construir el suyo. Los dos equipos quieren tener la pelota, pero al final solo hay un balón. El que consiga tenerlo para él tendrá un poco de la final ganada". Una duda ante la que su compañero de equipo, Dani Alves, tiene la respuesta: "esperemos que en la final el único color del balón sea el del Barça".

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