
(Artículo para la serie previa de la Agencia Efe con motivo de la final de la Liga de Campeones, publicado el 25/05/2010)
Àlex Cubero. Barcelona.
Ya sea mutando la figura del 'nueve' prototípico en favor de Messi, o bien superando la irremediable dependencia hacia Cristiano Ronaldo tras su traspaso al Madrid, tanto Pep Guardiola como Alex Ferguson han sabido recomponer sus equipos para volver de nuevo a la cima del fútbol en Wembley.
Fue en Roma, hace dos años, cuando se vieron las caras por última vez. Aquella final de la Liga de Campeones, en la que el Manchester United sucumbió por dos goles a cero ante el Barcelona, encumbró la idea del fútbol basada en el juego asociativo que Guardiola había heredado del holandés Johan Cruyff.
Frente a ellos, Cristiano Ronaldo era la viva imagen de la impotencia de un equipo inglés que poco pudo hacer frente a la tormenta de juego liderada por Xavi, mejor futbolista de aquel partido. El blanco de la segunda equipación con la que el United jugó aquella final quizá fue una premonición del destino que le llegaría a Ronaldo tras aquel verano, al fichar por el Real Madrid. Un nuevo rumbo para el portugués, pero también para su entrenador y su equipo, que debían aprender a mirar más allá de Cristiano, eje de todo y auténtico "Rey Sol" del grupo.
Y mientras Ferguson debía recomponer una plantilla por obligación, Guardiola lo hizo por sensaciones. Lejos de mantener el 'status quo' que le había hecho alcanzar el más importante cetro del viejo continente, el técnico azulgrana decidió actualizar aquel sistema programado para devastar récords, prescindiendo del camerunés Samuel Eto'o, vestigio incómodo del Barça de Ronaldinho.
El sueco Zlatan Ibrahimovic fue el elegido para dar a luz una nueva concepción del delantero centro, que se erigiera en una especie de Xavi adelantado, un organizador en punta, un 'nueve' boya que no se limitara a empujar el balón al fondo de la red, sino que se alzara como una alternativa más del juego de toque azulgrana. Sin embargo, el técnico de Santpedor no supo encontrar el 'feeling' para comprender el controvertido carácter -y estilo- del delantero, quien asimismo poco hizo por amoldarse a un equipo en el que era una pieza más del engranaje al servicio del bien común.
Nada retrata mejor el ocaso prematuro de aquella idea que la figura del sueco, caminando cabizbajo hacia el banquillo, al ser sustituido en la vuelta de las semifinales de la Champions del año pasado ante el Inter de Mourinho. Un chasco para un club que soñaba con jugar su segunda final consecutiva, en el Santiago Bernabéu.
Mucho peor le iban las cosas al técnico escocés del United. Si duro fue perder la final de Roma, más aún resultó la eliminación de los ingleses en cuartos de final de la siguiente edición de la Liga de Campeones, a manos del Bayern de Munich. Era la primera vez, desde 2003, que unas semifinales se quedaban huérfanas de ingleses.
Para este 'Sir' de la corona británica, un ganador también conocido por su mal genio y los problemas con algunas de sus estrellas, como David Beckham o Cristiano, y que, en una ocasión, llegó a tirar unos calzoncillos a la cara de uno de sus jugadores, ni siquiera la Carling Cup, el único título de aquella temporada, sirvió como alivio. Debía superar la sombra de Cristiano.
Y como si de un entrenador novel se tratara, a sus 69 años, veinticinco de ellos al frente del United, ha logrado repensar un conjunto que ahora es un bloque solidario y entregado a su causa. Poco han importado los treinta títulos nacionales y ocho internacionales, entre ellos dos Ligas de Campeones, que tiene en su palmarés. El preparador ha refundado desde cero la mentalidad de un bloque ahora más unido y compenetrado, bajo el credo del sacrificio y la entrega colectiva, sin estrellas que monopolicen al grupo.
Cristiano y el argentino Carlos Tévez han dado paso a "Chicharito" Hernández, revelación de la Premier, y al ecuatoriano Antonio Valencia. Por su parte, el portugués Nani y Waynne Rooney se han liberado con la marcha del portugués, y el incombustible Ryan Giggs se ha convertido en el mejor intérprete de la nueva ciencia del tan venerado como polémico técnico escocés.
Y si el fracaso del United le sirvió para corregirse y volver a lo más alto, lo mismo le ocurrió al Barcelona tras la decepcionante eliminación ante el Inter. Aquella dolorosa derrota supuso el renacimiento del auténtico Ave Fénix del imaginario guardiolista. Tras aquella temporada, el técnico decidió recomponer su ideario y apostar por una mutación táctica basada en el falso 'nueve'. Los 52 goles y 25 asistencias del argentino Lionel Messi, reconvertido a ariete impostado, son la máxima expresión del éxito de ese plan.
Con Ibrahimovic lejos del Camp Nou y el argentino cada vez más cerca de su tercera Champions y, quizás, de su tercer Balón de Oro consecutivo, Guardiola asegura que "envejecer se lleva mejor al lado de estos jugadores". Y es que, ahora sí, y a diferencia de aquella novela de Gabriel García Márquez en la que un militar envejecía sentado en el sillón de su casa tras perder la guerra, Pep y Fergie han demostrado tener distintos caminos, pero una misma premisa: cambiar para volver a triunfar. Por eso, pase lo que pase el sábado en Wembley, estos coroneles seguirán teniendo quien les quiera









