El coronel sí tiene quien le quiera

/ miércoles, 25 de mayo de 2011 /


(Artículo para la serie previa de la Agencia Efe con motivo de la final de la Liga de Campeones, publicado el 25/05/2010)


Àlex Cubero. Barcelona.

Ya sea mutando la figura del 'nueve' prototípico en favor de Messi, o bien superando la irremediable dependencia hacia Cristiano Ronaldo tras su traspaso al Madrid, tanto Pep Guardiola como Alex Ferguson han sabido recomponer sus equipos para volver de nuevo a la cima del fútbol en Wembley.


Fue en Roma, hace dos años, cuando se vieron las caras por última vez. Aquella final de la Liga de Campeones, en la que el Manchester United sucumbió por dos goles a cero ante el Barcelona, encumbró la idea del fútbol basada en el juego asociativo que Guardiola había heredado del holandés Johan Cruyff.


Frente a ellos, Cristiano Ronaldo era la viva imagen de la impotencia de un equipo inglés que poco pudo hacer frente a la tormenta de juego liderada por Xavi, mejor futbolista de aquel partido. El blanco de la segunda equipación con la que el United jugó aquella final quizá fue una premonición del destino que le llegaría a Ronaldo tras aquel verano, al fichar por el Real Madrid. Un nuevo rumbo para el portugués, pero también para su entrenador y su equipo, que debían aprender a mirar más allá de Cristiano, eje de todo y auténtico "Rey Sol" del grupo.


Y mientras Ferguson debía recomponer una plantilla por obligación, Guardiola lo hizo por sensaciones. Lejos de mantener el 'status quo' que le había hecho alcanzar el más importante cetro del viejo continente, el técnico azulgrana decidió actualizar aquel sistema programado para devastar récords, prescindiendo del camerunés Samuel Eto'o, vestigio incómodo del Barça de Ronaldinho.


El sueco Zlatan Ibrahimovic fue el elegido para dar a luz una nueva concepción del delantero centro, que se erigiera en una especie de Xavi adelantado, un organizador en punta, un 'nueve' boya que no se limitara a empujar el balón al fondo de la red, sino que se alzara como una alternativa más del juego de toque azulgrana. Sin embargo, el técnico de Santpedor no supo encontrar el 'feeling' para comprender el controvertido carácter -y estilo- del delantero, quien asimismo poco hizo por amoldarse a un equipo en el que era una pieza más del engranaje al servicio del bien común.


Nada retrata mejor el ocaso prematuro de aquella idea que la figura del sueco, caminando cabizbajo hacia el banquillo, al ser sustituido en la vuelta de las semifinales de la Champions del año pasado ante el Inter de Mourinho. Un chasco para un club que soñaba con jugar su segunda final consecutiva, en el Santiago Bernabéu.


Mucho peor le iban las cosas al técnico escocés del United. Si duro fue perder la final de Roma, más aún resultó la eliminación de los ingleses en cuartos de final de la siguiente edición de la Liga de Campeones, a manos del Bayern de Munich. Era la primera vez, desde 2003, que unas semifinales se quedaban huérfanas de ingleses.


Para este 'Sir' de la corona británica, un ganador también conocido por su mal genio y los problemas con algunas de sus estrellas, como David Beckham o Cristiano, y que, en una ocasión, llegó a tirar unos calzoncillos a la cara de uno de sus jugadores, ni siquiera la Carling Cup, el único título de aquella temporada, sirvió como alivio. Debía superar la sombra de Cristiano.


Y como si de un entrenador novel se tratara, a sus 69 años, veinticinco de ellos al frente del United, ha logrado repensar un conjunto que ahora es un bloque solidario y entregado a su causa. Poco han importado los treinta títulos nacionales y ocho internacionales, entre ellos dos Ligas de Campeones, que tiene en su palmarés. El preparador ha refundado desde cero la mentalidad de un bloque ahora más unido y compenetrado, bajo el credo del sacrificio y la entrega colectiva, sin estrellas que monopolicen al grupo.


Cristiano y el argentino Carlos Tévez han dado paso a "Chicharito" Hernández, revelación de la Premier, y al ecuatoriano Antonio Valencia. Por su parte, el portugués Nani y Waynne Rooney se han liberado con la marcha del portugués, y el incombustible Ryan Giggs se ha convertido en el mejor intérprete de la nueva ciencia del tan venerado como polémico técnico escocés.


Y si el fracaso del United le sirvió para corregirse y volver a lo más alto, lo mismo le ocurrió al Barcelona tras la decepcionante eliminación ante el Inter. Aquella dolorosa derrota supuso el renacimiento del auténtico Ave Fénix del imaginario guardiolista. Tras aquella temporada, el técnico decidió recomponer su ideario y apostar por una mutación táctica basada en el falso 'nueve'. Los 52 goles y 25 asistencias del argentino Lionel Messi, reconvertido a ariete impostado, son la máxima expresión del éxito de ese plan.


Con Ibrahimovic lejos del Camp Nou y el argentino cada vez más cerca de su tercera Champions y, quizás, de su tercer Balón de Oro consecutivo, Guardiola asegura que "envejecer se lleva mejor al lado de estos jugadores". Y es que, ahora sí, y a diferencia de aquella novela de Gabriel García Márquez en la que un militar envejecía sentado en el sillón de su casa tras perder la guerra, Pep y Fergie han demostrado tener distintos caminos, pero una misma premisa: cambiar para volver a triunfar. Por eso, pase lo que pase el sábado en Wembley, estos coroneles seguirán teniendo quien les quiera

Alves: "¿Entrar en la historia? El fútbol sólo recuerda a los ganadores"

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(Artículo para la Agencia Efe, publicado el 25/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

No solo disputarán la corona europea en Wembley, sino también un billete directo al olimpo del fútbol. Con dos Champions a sus espaldas en seis años y una nueva final por delante, los jugadores del Barcelona saben que están a las puertas de la historia por el fútbol que exhiben, pero que nada de eso importará sin una victoria el sábado ante el Manchester United.


"Lo que queremos es volver a ganarla, independientemente de ser capaces de entrar en la historia del fútbol", asegura el lateral brasileño Daniel Alves, quien jugará su primera final de la Liga de Campeones, pues una sanción le impidió jugar en la de Roma en 2009. Por ello, el jugador brasileño pierde su aire dicharachero al hablar de la final del sábado, y su gesto se mesura. "Si podemos entrar en la historia, mucho mejor, pero en el fútbol solo son recordados los ganadores", insiste.


Su compañero Javier Mascherano, sin embargo, considera que más allá de los títulos logrados, el equipo azulgrana ya se ha ganado un hueco en la memoria de los aficionados a este deporte. "No soy nadie para decirlo -opina 'El Jefecito'-, pero estoy más que seguro que más allá del resultado del sábado, este equipo va a ser recordado no por los títulos, sino por cómo juega al fútbol".


Desde la llegada de Pep Guardiola al banquillo del primer equipo, el Barcelona ha acumulado nueve títulos, seis de ellos logrados en un mismo año y encadenando tres Ligas seguidas. Pero no todo son trofeos. En estos tres años, el Barcelona ha pulverizado casi todos los récords posibles en el campeonato liguero, así como alcanzado un nivel de juego colectivo que ha sido elogiado desde todo el mundo.


"Es cierto que llevamos años brillando en todas las competiciones, pero nosotros lo que tenemos que hacer es seguir trabajando para llegar a partidos tan bonitos como este", señala el delantero asturiano David Villa, llegado esta temporada al club catalán. "El míster ya lo ha dicho muchas veces, (entrar en la historia) es solo una cuestión más".


El tinerfeño Pedro Rodríguez, escudero del 'Guaje' en el ataque culé, coincide plenamente. "No sabemos si estamos en la historia, eso lo dirá el tiempo. Cuando estás jugando no le das importancia. Quizá, cuando nos retiremos, miraremos atrás y veremos lo que hemos conseguido. El tiempo y la historia lo dirán".


En todo caso, el menudo atacante reconoce que en el seno del vestuario existe la sensación de estar logrando algo grande, como el hecho de alcanzar la tercera final de la Liga de Campeones en seis años. "Es verdad que estamos ganando muchos títulos en pocos años, tenemos una buena época, tenemos a los mejores jugadores del mundo y estamos haciendo buenas cosas. Pero no le damos tanta importancia, seguimos al día a día", recalca Pedro. "Ahora tenemos que ganar esa final y, después, empezará una nueva temporada, en la que se arrancará de cero. Y vuelta a empezar".

"Tenemos que ser nosotros mismos"

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(Artículo para la Agencia Efe, publicado el 25/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Mucho se especula sobre cómo abordará el Manchester United la final de la Liga de Campeones y con qué variantes puede sorprender el veterano técnico Alex Ferguson, pero el vestuario del Barcelona solo se plantea ser fiel a su estilo para enfrentarse a su rival. "Tenemos que ser nosotros mismos", repiten una y otra vez los jugadores azulgrana. Es la maldición y suerte del equipo de Pep Guardiola.


El técnico catalán ha convertido en marca de la casa, de manera definitiva, un estilo basado en el juego colectivo de bella factura, la presión geométrica al rival en todas las zonas del campo y la apuesta por los talentos surgidos de La Masia. Así, el Barcelona ha aprendido a convertir la victoria en algo rutinario, pero ha olvidado cómo ganar de otra manera distinta. Bajo la dirección de ese método se ha encaramado hasta lo más alto del fútbol mundial, ganando dos Champions en cinco años; pero también con esa idea se ha estrellado, como cuando fue eliminado el año pasado en semifinales, incapaz de superar el entramado defensivo del Inter de Milán.


"Tenemos que ser lo que somos. Tener el balón y crear ocasiones, y hacer esa presión para robar el balón rápido. Intentaremos minimizar sus virtudes y explotar las nuestras", detalla el centrocampista Andrés Iniesta. El manchego es uno de los máximos exponentes de ese imaginario basado en el trato exquisito al balón, implantado en el club catalán desde los años setenta por el asturiano Laureano Ruiz, instaurado definitivamente por el holandés Johan Cruyff en los noventa y llevado a sus máximas cuotas por Guardiola en los últimos tres años. La imagen de Messi, Xavi e Iniesta, tres perlas de La Masia, como candidatos al último Balón de Oro es una buen ejemplo de ello. Los hasta ocho canteranos que pueden formar parte del once inicial de Wembley son la prueba definitiva del éxito de este modelo.


El catalán Sergio Busquets será, con toda seguridad, uno de esos titulares. "Ser nosotros mismos es ser el equipo que hemos sido estos tres años y, en concreto, este año. Debemos hacer las mismas cosas de siempre, teniendo la posesión del balón y jugando muy rápido", apunta el mediocentro defensivo, clave también en conquista del Mundial por parte de la selección española.


Precisamente, las dudas sobre cómo afrontaría el Barça la temporada post-Mundial se han disipado a lo largo de este año, en el que el cuadro de Pep Guardiola ha conquistado la Supercopa de España y la Liga, ha sido finalista de la Copa del Rey y ahora se enfrentará al Manchester para lograr su cuarta Champions. "El equipo está bien dosificado, hemos descansado bien y llegamos en un buen momento de forma", explica el internacional español Pedro Rodríguez. "Se agradece el descanso de las últimas semanas, porque muchos jugadores llevaban muchos partidos encima. Llegamos de la mejor manera físicamente para obtener un buen resultado".


Una victoria que pasará por "no cambiar en nada e intentar hacer nuestro juego, con posesiones largas. A partir de ahí crear ocasiones y no fallarlas. Ojalá tengamos la suerte de cara al gol", dice el tinerfeño, autor de veinte tantos esta temporada. Pero el éxito del Barcelona no solo pasa por los talentos surgidos de la maquinaria formativa azulgrana, sino también en que los fichajes que se incorporan año tras año sepan adquirir esa particularidad en el juego y el estilo de vida del club, como David Villa, el sustituto del sueco Ibrahimovic en la delantera culé.

"Sabéis cuál es nuestro sistema, tener el balón y lo máximo posible para hacer nuestro fútbol. Tenemos que ser nosotros mismos -insiste el 'siete' azulgrana-, intentar hacer nuestro juego que tantos frutos nos ha dado y nos ha llevado a disputar esta final".


Pero el asturiano considera que su rival inglés en la final no saldrá a verlas venir y a encerrarse atrás, sino que encontrarán un equipo que "le gusta tener la pelota, que no va a intentar destruir nuestro juego, sino construir el suyo. Los dos equipos quieren tener la pelota, pero al final solo hay un balón. El que consiga tenerlo para él tendrá un poco de la final ganada". Una duda ante la que su compañero de equipo, Dani Alves, tiene la respuesta: "esperemos que en la final el único color del balón sea el del Barça".

Busquets: "No tengo nada que demostrar en la final"

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(Artículo para la Agencia Efe, publicado el 25/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Pese a que su presencia en la final de la Liga de Campeones estuvo en la cuerda floja a causa de la denuncia por presuntos insultos racistas al madridista Marcelo en semifinales, el jugador azulgrana Sergio Busquets considera que no tiene "nada que demostrar" en la final de Wembley.


"No tengo ninguna rabia. Es un partido como cualquier otro y saldré igual de concentrado. Lo demás está todo al margen", asegura Busquets a pocos días del partido que le enfrentará al Manchester United para coronarse como mejor equipo europeo.


Mediocentro defensivo titular del Barcelona en las últimas dos temporadas, surgido de la fábrica de talentos azulgrana y jugador clave en la victoria de la selección española en el Mundial de África, Busquets se vio bajo los focos mediáticos al ser acusado por el Real Madrid por presuntos insultos racistas.


Sin embargo, el jugador catalán negó en círculos privados haber insultado al madridista, una posición que acabó aceptando la UEFA, al considerar que no se podía demostrar que la grave acusación del club blanco fuera cierta. Pero el jugador ya había sido tildado públicamente de racista desde muchos sectores, que exigieron una sanción ejemplar para el azulgrana. Incluso el técnico madridista, José Mourinho, volvía a dejar un recado al Barcelona al recordar, hace unos días, que "juego limpio, respeto al adversario y tarjeta roja al racismo no deben ser solo palabras".


"No hay que demostrar nada", recalca Sergio Busquets, que a sus 22 años va camino de alzar su segunda Champions. "No es especial ganar esta final por eso (por la denuncia). Especial es ganar muchos títulos y, en este caso, la segunda Liga de Campeones. Especial es ganar el Mundial, la Liga, todo". Y del mismo modo que rehuye de las críticas, también de los elogios, como los que en su día recibió del seleccionados Vicente Del Bosque.


"Soy un jugador de equipo que intenta trabajar para el equipo, pero que ni soy popular, ni mucho menos. Aquí todos los jugadores nos sentimos importantes. Sin mis compañeros no podría hacer nada", admite. Asimismo, Sergio se muestra "orgulloso" de poder ser quizá el jugador más joven de los once que salten al césped de Wembley, "Quiero disfrutar de la final y, como ha dicho el míster, puede que sea la última. Aunque está claro que somos jóvenes y nunca se sabe".


Igual de generoso hacia sus compañeros se muestra en las referencias a su rival: "Me llama la atención el Manchester en general. Línea por línea son grandísimos jugadores, porque estamos hablando de un equipo que últimamente ha llegado a muchas finales y tiene un gran conjunto", reconoce. "Es imposible quedarte con uno". En todo caso, el día 28 tendrá la oportunidad de enfrentarse a ellos en Londres y poderse sacar la espina clavada por las criticas individuales y al equipo en conjunto. "Después de un año tan duro, lo tenemos tan solo a un partido".

El factor Mascherano

/ martes, 24 de mayo de 2011 /


(Artículo para la Agencia EFE, publicado el 24/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona

Lo que empezó como improvisado parche ante la avalancha de bajas en la zaga azulgrana se ha convertido en una seria opción para la final de Wembley, en la que Pep Guardiola se plantea si alinear, con todo merecimiento, a Javier Mascherano como central, en detrimento de Carles Puyol o Éric Abidal.


"Sigo manteniendo lo que dije el primer día que llegué al Barcelona. Yo vine a sumar, a tratar de dar lo mejor, y si me toca estar dentro de la cancha o del banquillo trataré de dar lo mejor. Y si me toca estar en la tribuna, también", dice el argentino respecto a su posible participación en la final.


Y es que la temporada del argentino ha estado alejada de todo pronóstico. Pilar del Liverpool y capitán de la selección argentina, Mascherano aceptó su suplencia al llegar esta temporada, en la que debía competir en el puesto con Sergio Busquets, campeón del mundo con España este verano pasado y otro diamante de La Masia culé.


Sin embargo, la plaga de lesiones dejó a la defensa sin el capitán Puyol y el lateral brasileño Maxwell, a lo que se sumó el tumor detectado al francés Abidal, que le mantuvo un mes y medio fuera del equipo. Mascherano fue el escogido por Pep Guardiola para actuar como improvisado central, una posición que el centrocampista nunca había ocupado. Y cumplió con creces.


En concreto, su excelente participación en la serie de cuatro clásicos ante el Real Madrid han llevado a muchos a defender que el volante de San Lorenzo siga ocupando ese puesto en la final de Wembley, ante la prematura reincorporación de Abidal y Puyol.


Javier evita opinar si es justa o no su alineación en el posible once titular en Londres. "El entrenador va a elegir los mejores que pueda elegir y para eso estamos aquí y somos jugadores profesionales. Me ha tocado jugar, sobre todo este último tiempo, por lesiones y por la enfermedad de Abi, pero hoy, gracias a Dios, ya puede contar con todos".


"Él decidirá", repite el argentino en varias ocasiones, en referencia a su entrenador. Sólo en Liga, Guardiola ha confiado en él en 27 partidos, 18 de los cuales empezó como titular, especialmente en la recta final. 'Perro de presa' por naturaleza, Mascherano arrastra además una espectacular estadística de 176 balones recuperados, mientras que sólo ha visto seis amarillas en todo el campeonato nacional. Asimismo, muchos también defienden la experiencia que puede aportar en la final ante un equipo inglés, dado su paso por la liga inglesa, donde formó parte del West Ham y del Liverpool.


No obstante, el 'Jefecito' opina que eso no es suficiente, ya que sus enfrentamientos de entonces contra el Manchester United eran en "derbis, y eso es totalmente diferente a una final", añade. "El derbi lo marcan más los sentimientos, es otra la atmósfera que lo envuelve -matiza el jugador-. No es ni más ni menos importante, es diferente. Aunque obviamente, es la Champions, es la final, y eso es muy importante para nosotros".


En todo caso, más allá del debate sobre su participación, Mascherano recuerda la importancia de la figura de su compatriota Lionel Messi, vital para el equipo de Guardiola. "Leo es el mejor del mundo y tenerlo al lado nuestro es una ventaja". Sin embargo, a su juicio, "eso no es definitivo".


"Para que esa ventaja esté a favor nuestro , se traduzca en el campo y podamos aprovecharla -apunta-, va a depender que el resto de compañeros le ayudemos. Es muy difícil, hoy en día, que un jugador te gane un partido. Con la ayuda de todos él puede lucir muchísimo más". El factor Mascherano puede ser uno de ellos.

Con Roma en el retrovisor

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(Artículo para Agencia EFE, publicado el 24/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Wembley no es Roma, pero se le parece. A medida que se acerca la final de la Liga de Campeones que el sábado les enfrentará de nuevo al Manchester United, los jugadores del Barcelona admiten que se trata de un partido totalmente distinto al disputado en Roma en 2009, en el que alzaron el título ante unos ingleses que ahora llegan "más fuertes y mejor preparados".


Solo han pasado dos años, pero parece que haya transcurrido todo un mundo desde aquel encuentro. Lejos de aquel equipo comandado por Cristiano Ronaldo, el United es hoy un bloque cargado de estrellas reconvertidas a gregarios solidarios. No han cambiado demasiado los nombres, pero sí su actitud. "Simplemente han cambiado pequeños detalles. Llevan mucho tiempo unidos, no sólo en aquella final, sino desde mucho antes. Llevan años llegando a estos partidos y tienen experiencia. Saben de memoria lo que tienen que hacer", dice David Villa.


No era el asturiano el delantero que encabezaba aquel Barça que alzó la 'Orejuda' en el estadio olímpico romano, sino un Samuel Eto'o que abandonó el equipo tras aquel triunfo. Ahora, la botas del 'Guaje' intentarán imitar el gol del camerunés que abrió el marcador de la final, en la que los azulgrana acabaron ganando 2-0, con un despliegue de fútbol colectivo que aplastó a los ingleses.


"No es comparable", asegura tajantemente el centrocampista Andrés Iniesta. "A lo mejor tiene alguna similitud en cuanto al estilo de cada equipo, la manera de hacer las cosas, pero han pasado dos años y los equipos han mejorado para volver a estar en otra final". Para el futbolista manchego, el United "es mejor por la simple razón que cada año uno tiene que ser mejor para volver a pelear por los títulos". Eso, apunta, hace difícil poder hablar de un favorito.


Iniesta, tan creativo en el césped como sobrio ante los micrófonos, recuerda que, para repetir el mismo feliz desenlace que en la final de 2009, el equipo "debe estar al 200%, como siempre dice Pep, porque el rival es muy bueno y las cosas se complicarán".


"El míster es muy exigente a veces, pero yo tengo la sensación que fuimos muy superiores al Manchester, a pesar de los diez primeros minutos", agrega su compañero Xavi Hernández: "Intentaremos repetir esa superioridad, pero se nos va a poner muy difícil, porque seguro que pondrán un hombre más en el centro del campo. Ferguson se las sabe todas, es un gato viejo".


Aunque uno a uno traten de repetirse que nada tiene que ver aquel partido con el del sábado, y que "todas las finales son diferentes", como dice el tinerfeño Pedro Rodríguez, en realidad reconocen que para el Manchester United no será una final cualquiera.


El brasileño Dani Alves, como de costumbre, no se anda con rodeos: "Ellos tiene la motivación extra de no haber ganado en Roma. Siempre les quedará esa espinita clavada". Una astilla que, a su manera, también querrá sacarse el cuadro de Guardiola, "después de la oportunidad maravillosa que tuvimos el año pasado -recalca Alves-. Esa es nuestra motivación, volver a poner el Barcelona en lo más alto del fútbol europeo y mundial".


Para ese objetivo, el Barça ha podido equilibrar fuerzas con su rival, al haber dado descanso a muchos de sus titulares, tras alzar con antelación el título liguero. Con las energías niveladas, opina Sergio Busquets, "puede pasar cualquier cosa". Pero para el argentino Javier Mascherano, cuya virtud reside en la parcela física, "en una final no importa quien llega mejor, solo importa ese día en concreto. Puedes llegar muy bien a una final y, si ese día no te salen las cosas, se va todo el esfuerzo, no sirve de nada".


Ese día será el sábado. Quizá para muchos jugadores, en Wembley también sobrevuele el recuerdo de Roma, con sus cuentas pendientes y sus batallas ganadas. Pero, como matiza Villa, "Aunque jugaras siempre con el mismo equipo, cada final sería totalmente distinta".

El único transistor en el Camp Nou fue el de Lotina

/ domingo, 15 de mayo de 2011 /


(Crónica para Agencia EFE, publicada el 15/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Mucho han cambiado las cosas en Can Barça. En tiempos en que las comparaciones con el 'Dream Team' de Johan Cruyff son inevitables, la imagen del entrenador del Deportivo, José Manuel Lotina, siguiendo con sufrimiento el resto de partidos desde su transistor, ha recordado a aquellos agónicos finales de Liga en los noventa, hoy ya erradicados del Camp Nou.


Y es que el de Lotina fue el único transistor en el estadio catalán. La dictadura del equipo de Pep Guardiola en la competición liguera, en la que se ha proclamado campeón con comodidad durante las últimas tres temporadas, ha convertido esos aparatos en una especie en extinción en el graderío barcelonista.


El gesto compungido de Lotina desde el palco, pendiente al mismo tiempo del juego de sus hombres y de lo que transcurría en los encuentros de sus rivales directos en la lucha por la salvación, era una estampa que no se recordaba desde aquellos increíbles alirones del equipo de Cruyff.


Pep Guardiola, jugador de aquel equipo, seguro recuerda aquellas dos ligas arrebatadas al Real Madrid gracias al Tenerife, o el penalti marrado por el deportivista Djukic, que entregó en bandeja el título a los catalanes. Por aquel entonces, los transistores eran un elemento imprescindible en la grada y en el banquillo culé, atento a esos vaivenes azarosos del fútbol.


Hoy los Messi, Iniesta y Xavi han marginado cualquier casualidad, y con él, los pinganillos y los carruseles radiofónicos. La grada azulgrana ha celebrado hoy su alirón en un partido plácido, sin tensiones, con oportunidades para los no habituales y los jugadores del filial. Hoy ya no hay goles salvadores desde las Islas Canarias o carambolas del destino desde Galicia.


En el otro lado del tablero, Lotina, quien ha seguido el partido desde el palco del Camp Nou, se retorcía en su asiento, con evidentes gestos de sufrimiento, mientras seguía el resto de partidos gracias al transistor de un colaborador que tenía al lado. El empate a cero que en ese momento transcurría en Barcelona colocaba a los gallegos un punto por encima del último de los puestos de descenso, que ahora ocupa el Zaragoza, en una clasificación en la que entre el noveno -el Málaga- y el decimonoveno -Zaragoza- solo existen cuatro puntos de distancia.


El Deportivo dio por bueno ese punto que le salva, por los pelos, del abismo. Al menos hasta la próxima y última jornada de Liga, cuando los transistores invadan la grada de la mayoría de estadios de Primera. A excepción del Camp Nou, donde hoy se ha bajado la persiana hasta la próxima temporada.

"¡Nos vemos el día 29!"

/ viernes, 13 de mayo de 2011 /


(Artículo para Agencia EFE, publicado el 13/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

No se han conformado con teñir de azulgrana las calles de la ciudad con cientos de miles de personas. En un Camp Nou a rebosar y entregado a los campeones, la plantilla del Barcelona ha celebrado por todo lo alto el título de Liga, prometiendo volver en menos de un mes con la Liga de Campeones bajo el brazo.


Un espectacular ambiente ha recibido a los jugadores de Pep Guardiola, con cien mil personas llenando hasta la bandera el coliseo catalán y un ambiente más juvenil que de costumbre. Los primeros en saltar al césped, pasados pocos minutos de las nueve de la noche, han sido los capitanes, Carles Puyol y Xavi Hernández.


Emulando la imagen que ya ofrecieron en la final del Mundial, ambos canteranos han dado una vuelta al campo a toda velocidad, portando una 'senyera' (bandera catalana), entre el jolgorio de la afición ante la inesperada y prematura aparición.


Ya con el Camp Nou a oscuras y unos grandes focos iluminando la salida de vestuarios, la plantilla al completo ha ido saliendo ante sus seguidores, a través de un pasillo formado por los técnicos.


Especialmente ovacionados han sido el técnico Pep Guardiola -que se ha marcado un sorprendente baile-, Abidal, Affellay, Mascherano, Bojan, Iniesta y Villa. Sin embargo, ninguno ha podido competir en decibelios con el auténtico líder de este equipo, Lionel Messi.


"Os queremos agradecer todo el apoyo. Nos queda un último esfuerzo. No dudéis que lo daremos todo para estar aquí el día 29 celebrando la Champions", ha dicho Puyol en el turno de parlamentos. "Nos han atacado de todas partes. Ellos seguirán inventando, pero seguiremos a lo nuestro, jugando a fútbol, lo que sabemos hacer", ha añadido.


Tanto la promesa de ganar la final de la 'Champions League' ante el Manchester, el próximo 28 de mayo en Wembley, como las referencias irónicas a los ataques y acusaciones desde Madrid al conjunto azulgrana han estado onmipresentes en los turnos de los jugadores.


"No vale la pena pensar en los demás, os lo aseguro. Pensad en los nuestros, son los mejores del mundo. Visca el Barça y visca Catalunya", ha exclamado el segundo capitán, Xavi. El siempre reservado Messi, por su parte, ha sido breve, pero claro.


"Mis palabras las guardaré para el día 29. Nos volveremos a ver aquí y volveremos acá", ha dicho el delantero, en la misma línea que Gerard Piqué o Andrés Iniesta.


"Esta es la tercera Liga, pero queremos mucho más. Este año ha sido muy especial para mí, ha nacido mi hija. Y ahora quiero regalarle la 'Champions'", ha soltado el manchego en catalán.


Tras ser manteado por sus jugadores, una imagen que emulaba la del sexteto de hace dos temporadas, Guardiola ha agradecido el apoyo de la afición. "Pero sobre todo, un agradecimiento eterno a estos jugadores, que son irrepetibles", ha dicho Guardiola, que ha recordado asimismo a las víctimas del terremoto de Lorca.


Muchos de los jugadores no catalanes o extranjeros de este Barcelona se han lanzado a hablar en catalán, entre ellos el francés Éric Abidal, al que una pancarta instaba a marcar un triplete de goles en Wembley.


"Esta fuerza que me habéis dado me ha ayudado mucho a seguir adelante", ha dicho el lateral francés, al que le fue extirpado un tumor en el hígado que le apartó del equipo durante casi dos meses.


La sombra del técnico madridista, José Mourinho, también ha planeado sobre el Camp Nou, aunque en un tono sarcástico. "Si alguien se pregunta por qué estamos aquí, digámoslo: porque somos los mejores", ha afirmado Pinto, respondiendo a los ataques del portugués tras ser derrotado ante el Barça en semifinales.


Rodeados de sus hijos, una imagen habitual en las celebraciones de los azulgranas, algunos jugadores han coincidido en que, más allá de la calidad, este equipo se caracteriza por ser "una familia".


"Cada año estoy más orgulloso de este grupo de personas. Disfrutad de este momento irrepetible", ha apuntado un emocionado Gabriel Milito. Su compatriota, Javier Mascherano, ha admitido que soñó "muchas noches con formar parte de este equipo".


Daniel Alves, que lucía un original bombín brillante, ha dicho: "Se está demostrando que somos mucho más que un club, y no es para quedar bien, sino que este club es una familia. Me siento muy feliz de formar parte de ella". Otro brasileño, Adriano, ha reiterado: "Esto es más que un club, es mi vida, es mi familia".


Para finalizar, el delantero asturiano David Villa ha dado las gracias por "vivir este sueño" y, ante la sorpresa de la afición, ha entonado unas estrofas en castellano de "My way", demostrando un acierto en las notas más que encomiable.


Tras la vuelta de honor al campo y un espectáculo pirotécnico, los campeones se han despedido de la afición saltando juntos en el círculo central. Cuando han desfilado hacia las entrañas del Camp Nou, la canción "Common people" les despedía desde los altavoces, quizá la manera más acertada de homenajear a este grupo de jugadores que ya forman parte de la historia.

El año en el que a Messi le creció la barba

/ miércoles, 11 de mayo de 2011 /


(Artículo para Agencia EFE tras la consecución del título de Liga, publicado el 11/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Erigido en icono indiscutible de un histórico Barcelona, con unos números que agrandan cada vez más su diminuta figura y con la mirada puesta en el que sería su tercer Balón de Oro consecutivo, la temporada 2010/11 ha constatado que, a sus 23 años, Lionel Messi ha alcanzado la madurez futbolística.


El pasado 3 de mayo, mientras la plantilla azulgrana desataba su euforia sobre el césped del Camp Nou al clasificarse para su segunda final de la Liga de Campeones en tres años, eliminando al Real Madrid, las televisiones captaban la imagen de Pep Guardiola rodeando cariñosamente con sus brazos a la estrella argentina. Quizá Guardiola sea como esos padres a los que les cuesta aceptar que sus niños hayan crecido. Atrás ha quedado aquella oscura melena adolescente que parecía resguardarle de su timidez natural. Ahora, Messi es el líder de uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Leo se ha hecho hombre.


Con esa barba de varios días que empieza a ser habitual, Messi parece querer evidenciar simbólicamente la madurez que le ha llevado a barrer casi todos los récords posibles en el campeonato liguero. De su mano, el Barcelona superó (16) la marca de victorias consecutivas que ostentaba el Real Madrid desde hacía medio siglo. Otro Madrid, el que actualmente lidera Cristiano Ronaldo, se ha convertido en todo un reto para el argentino. Con 31 goles en 31 partidos, ha conseguido contrarrestar además la sequía anotadora en la recta final de temporada de sus escuderos Pedro y Villa, que juntos suman tantos goles como el rosarino.


Desde que Guardiola apostó por alejarle de la banda derecha, se ha desatado como inesperado y letal 'nueve'. Efectivamente, Messi no es Maradona, sino su evolución, una versión mejorada, más completa.Y si la gesta de sus compañeros Xavi e Iniesta, al coronar por primera vez a España como campeona del Mundo, no fue suficiente para evitar que Messi renovara el Balón de Oro el pasado diciembre, cuenta con buenas posibilidades de alzarlo por tercera vez consecutiva, algo que solo consiguió el francés Michel Platini.


Pero la temporada de Lionel no ha sido la única destacable. El exigente Camp Nou parece haber dado el visto bueno a otros de los jugadores latinoamericanos del equipo, como los recién llegados Javier Mascherano y Adriano Correia. 'El Jefecito' llegó, calló y aprendió. Pese a su papel secundario en el primer tramo de campeonato, Mascherano se ha asentado como uno de los pilares del equipo, consolidado como alternativa a Busquets y clave ante la plaga de lesiones en la defensa en los últimos meses. Del capitán de la selección argentina quizá muchos esperaban un perro de presa, pero Mascherano se ha destapado como un jugador que también sabe tocar el balón, implicado en la idea de su comandante Guardiola, capaz de adaptarse a cualquier posición y dotado de esa heroicidad y sacrificio que tanto seducen al culé.


Adriano, por su parte, ha sido la gran sorpresa, aupado también por las bajas en la zaga. Al igual que Mascherano, sus inicios fueron testimoniales en el once catalán, debido sobre todo al excelente estado de forma de Abidal y Alves. Pero en cuanto tuvo oportunidad, este brasileño atípico por su introversión y seriedad se exhibió como una sobria alternativa en el lateral zurdo, especialmente acertado en los últimos duelos contra el Real Madrid y Cristiano Ronaldo. Su ascensión fue en detrimento de su compatriota Maxwell, cuya temporada ha ido de más a menos. A pesar de sus 23 participaciones en la Liga, las lesiones y su irregular forma física han provocado que Maxwell se fuera alejando de la titularidad en el lateral izquierdo.


El tercer brasileño de la plantilla, Daniel Alves, se ha mantenido como incuestionable referencia en el cuadro de Pep, mejorando incluso las prestaciones defensivas. No obstante, sus exigencias hicieron peligrar su renovación, culebrón que finalmente tuvo un desenlace feliz. De Alves, se espera, habrá cuerda para rato. Todo lo contrario que el argentino Gabriel Milito, quien parece tener sus horas contadas en el club. Recuperado de una grave lesión, estuvo a punto de regresar al Zaragoza en el mercado invernal, para ganar así minutos de cara a la Copa América. Ahora, otra leve lesión le hará perderse el tramo final y quién sabe si su último tren.

Mourinho, ni compareció ni se le esperaba

/ martes, 3 de mayo de 2011 /
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(Crónica de seguimiento a Mourinho para Agencia EFE, publicada el 03/05/2011)


Àlex Cubero. Barcelona.

Ni ha comparecido en el Camp Nou ni se le esperaba. José Mourinho, expulsado en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones ante el Barcelona, ha optado por quedarse en el hotel de concentración, lo que le ha impedido escuchar cómo la afición respondía a algunos de sus "por qué" durante el encuentro que ha clasificado a los catalanes para la final de Wembley (1-1).


El enigma había recaído durante toda la semana en la posible ubicación del técnico portugués. El FC Barcelona le reservó una localidad en el palco de honor, cerca de los presidentes de ambos clubes, aunque también le había facilitado otras ubicaciones en el campo, posibilidades a las que el Madrid no dio su conformidad. Pero el inicio del encuentro ha disipado las dudas. Mourinho no ha hecho acto de presencia en el coliseo azulgrana, como ya apuntaban algunas informaciones periodísticas en las horas previas, que auguraban que el técnico seguiría el partido desde el hotel de concentración del Madrid, para poderse comunicar así con su asistente, Aitor Karanka.


El 'Ipad' (tableta electrónica) que portaba uno de sus asistentes en el banquillo puede que haya sido el mecanismo para que "The Special One" siguiera dirigiendo al equipo. El reglamento de la UEFA impide el uso de teléfonos móviles en los banquillos, pero Mourinho ha demostrado nuevamente ser más astuto que nadie, utilizando una tecnología que la normativa no contempla.


La otra cuestión residía en el recibimiento que el Camp Nou dedicaría al portugués. No obstante, la afición azulgrana ha estado más entregada al juego de su equipo que a las acusaciones del que ya es el enemigo público número uno del barcelonismo, una rivalidad extrema forjada ya en los polémicos duelos de hace años contra "su" Chelsea. Pocas veces se ha acordado el coliseo catalán de su archienemigo durante el partido. Lo único lamentable ha sido una pancarta, justo cuando ambos equipos han saltado al campo, en la que se insultaba a Mourinho y a Cristiano Ronaldo. El resto de referencias a Mourinho se han caracterizado por la ironía y la jocosidad del graderío. Los culés han respondido a Mourinho con su misma arma.


"Por qué, por qué, por qué". En el minuto 28 de la primera parte, los seguidores azulgrana coreaban con sarcasmo, durante más de medio minuto, la trascendental duda que atormentó al entrenador rival tras el partido de ida. Y diez minutos más tarde, la afición misma se contestaba, con otro cántico nacido en el gol sur: "Esto es fútbol, Mourinho, esto es fútbol". El portugués ya tenía la respuesta a sus cuestiones. A partir de ahí, el único verbo ha sido el fútbol.

 
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